Su construcción, toda estucada con barro, es una combinación de adobes, piedra, paja y maderas de la zona. Cada habitación es diferente, con una distribución espacial que se desarrolla a lo largo de pequeños caminos sinuosos que las enlazan dándoles a la vez privacidad y misterio. Esto dentro de un extenso terreno y con el impresionante marco escénico de la cordillera de los Andes. Al observarlo, desde afuera, da la sensación de estar en un pequeño pueblito del Altiplano.
La decoración se desarrolló bajo el concepto de silencio visual, el ojo registra el hotel en su totalidad incluida en la inmensidad del desierto sin distraerse en objetos salvo aquellos que implican una utilidad. Asimismo el hotel tiene como objetivo hacer sentir a los que lo visitan que es un lugar que acoge, que permite gozar del silencio y la vista, refugiados del intenso clima de San Pedro.
HABITACIONES
El objetivo fue desarrollar un espacio privado, contenido, que permite sentirse cobijado de la fuerza del desierto. El hotel cuenta con 29 habitaciones dispuestas en tres semicírculos, con campos de cultivo entre medio. Tiene habitaciones singles, dobles superior y estandar, triples y familiares, estructuradas en base a casas separadas unas de otras, con terrazas individuales, baño privado, entradas independientes, tanto a los estacionamientos como al jardín central, piscina, cafetería y recepción Algunas habitaciones cuentan con ducha adicional al aire libre para poder gozar del cielo estrellado.
Están decoradas con gran simpleza, usando diferentes recursos de color y forma. Adentro el ambiente es fresco y acogedor, afuera cada pieza tiene una terraza para sentarse a gozar de la vista. Cada habitación es única, tiene distinta distribución y decoración. Se usó el concepto antiguo del uso de las habitaciones como refugio para el intenso sol del día y el frío de la noche. Por esta razón las ventanas son pequeñas y las paredes gruesas; para vivir el desierto hay que salir al exterior.









